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Mostrando las entradas de noviembre, 2006

4 grados de emoción, 0 de victoria

Una pantalla de televisor. El Ágora, como diría Sartori en su libro Telépolis, solo que en esta ocasión no hay mucho maquillaje entre líneas, ni mucho mensaje bajo cuerdas para deleitar o revolcar conciencias.
Es la expectativa de una futura sensación de felicidad, rabia o impotencia, tan fuerte y a la vez virtual, como la que uno sintió el día que vio por primera vez al personaje de cine, sin importar si fue Al Pacino o Paul Muni, dando un gran golpe.
Pero algo es diferente: no se sabe lo que pueda pasar, el fútbol no es tan predecible en sus primeros tiempos como la sonrisa burlona de un capo caminando por las calles con una pistola en la mano. Mirando la cara de estos hinchas de Medellín que ven el partido, yo se que no le están mandando muy buena energía a Nacional pero, gracias a dios, la pantalla del televisor es un elemento efectivísimo contra todo tipo de sortilegios.
Otra cosa es observar a los afiebrados del verde, contentos por que saben que para cualquier equipo de este país,…

Edukar vs.Educar

Imagen
Sobre la película Los Edukadores, del director Hans Weingartner.



Hace un mes se presentó por primera vez en Medellín, la película alemana Die fetten jahre sind vorbei, que en español, fue titulada Los Edukadores. El único lugar donde se proyectó, obviamente, fue el Centro Colombo Americano.
Y digo obviamente, por que ya es costumbre que quien quiera ir a ver un estreno de una película que no se clasifique dentro del cine por corn, tenga que ir a allí. No existe otra alternativa, de no ser que la película lleve su buen tiempo rodando en los círculos del séptimo arte, como para ser programada en algún cine club universitario.
Me di cuenta de que la película existía, por que los incesantes carteles pegados desde la ciudadela central del Alma Mater hasta los paredones de las casas en el centro, acapararon mi atención. Nada del otro mundo: una imagen de tres jóvenes, una mujer y dos hombres; en rojo, blanco y negro.
Lo impactante para mi, inicialmente, fue la K, que parecía dividir la palabra…