4 grados de emoción, 0 de victoria

Una pantalla de televisor. El Ágora, como diría Sartori en su libro Telépolis, solo que en esta ocasión no hay mucho maquillaje entre líneas, ni mucho mensaje bajo cuerdas para deleitar o revolcar conciencias.
Es la expectativa de una futura sensación de felicidad, rabia o impotencia, tan fuerte y a la vez virtual, como la que uno sintió el día que vio por primera vez al personaje de cine, sin importar si fue Al Pacino o Paul Muni, dando un gran golpe.
Pero algo es diferente: no se sabe lo que pueda pasar, el fútbol no es tan predecible en sus primeros tiempos como la sonrisa burlona de un capo caminando por las calles con una pistola en la mano. Mirando la cara de estos hinchas de Medellín que ven el partido, yo se que no le están mandando muy buena energía a Nacional pero, gracias a dios, la pantalla del televisor es un elemento efectivísimo contra todo tipo de sortilegios.
Otra cosa es observar a los afiebrados del verde, contentos por que saben que para cualquier equipo de este país, hacerle un gol a Nacional es algo muy importante, por ser este, quizás, el equipo más grande del país y con toda seguridad una devoción en sus corazones.
Y ahí está Santa Fe, con un uniforme amarillo que conmemora el aniversario 468 de Bogotá, muy diferente al rojo y blanco de siempre.
Dice en ese momento una feminista, con sentido estético, que se ven graciosos.
Y para quien piense que éste es un comentario inaportante, me contrapongo yo diciendo que no. Que el fútbol tiene conceptos que apuntan a la reinvención y que uno de ellos es que le falta espíritu femenino, hasta en el buen gusto para sus trajes. Y no porque los jugadores sean sólo hombres, ni por homenaje a Florence Tomas. Es por que, sencillamente, carece de este componente.
Una conversación que se agita, y el primer tiempo avanza con un desenlace normal por lo menos para mí: cada equipo estudiando los puntos débiles del otro. Además es la primera vez que veo un partido de fútbol con banda sonora, por que a alguien se le ocurrió dejar prendido el equipo en un aposento vecino con todo el CD de los grandes éxitos de Rolling Stones. ¿coincidencia?, ¿Ley de Murphy aplicada a las situaciones en que uno no necesita escuchar música? Las dos.
Pero con el crescendo constante todo comienza a cambiar, una tensión irrumpe en la sala; para algunos es un motivo para sentirse bien.
Nacional tiene un gran control de la situación y Santa Fe esta jugando bien, pero vaya que los dos equipos están desesperados. Los últimos no dejan pasar del todo a sus rivales, y Sergio Galván, marca un fuera de lugar, hay mucha emoción. Pero ¿un 0-0 a los 45 minutos? ¡Necesitamos un pedazo de gol para podernos pegar!.
Todo el mundo a la espera, ya nadie comenta y todos están muy concentrados. Este es un partido emocionante, para nosotros y la cantidad de almas colombianas que están sentadas frente a sus televisores, y más que nada, para los 30 mil aficionados que llenaron el estadio “El Campín”, que entre imágenes resultan siendo la expresión de la pasión, con sus muecas, gesticulaciones y actitudes frente a una cámara veloz, pero siempre en cacería.
Dicen que en Colombia a los equipos no les interesa jugar bien, sino no perder; uno a veces lo duda y otras veces está seguro de ello. Pero Nacional jugaba y Santa Fe también, y ninguno de los espectadores estaba perdiendo el tiempo. Sin embargo la segunda tarjeta amarilla para Carlos Díaz por el golpe a Adrián Ramos y su defensa, fue el punto decisivo del partido. No porque Nacional quedara con diez jugadores sino porque definitivamente Carlos Navarrete no los movió adecuadamente.
Santa Fe se subió: Leider Preciado fue quien le dio más brillo a su equipo, los hinchas del verde estaban admirados, incluso. Pero se siente la tristeza por que Nacional comienza a decaer, no tiene control de las puntas y parece en muletas. Mientras que un esperanzado equipo Santa Fe, se despliega en la cancha por medio de movimientos largos y llenos de confianza.
El primer gol fue un regalo que le dio Carlos "Ganiza" Ortiz a su ciudad en el día de su cumpleaños, y eso se sintió feo porque muy pocos minutos antes, Nacional se había quedado flojo.
Pero desde ahí la lluvia de goles se hizo interesante. Ya las rivalidades quedaron por fuera un momento, llegó la hora de observar fríamente como anestesiante, que en últimas, no es del todo efectivo.
Sin duda la figura del partido fue Leider Preciado, que disfrutó y aprovechó su estadía en la cancha, y por ello luego de un rebote, marcó otro gol. En fila. No dejó pasar el tiempo para que los contrincantes se recuperaran del asalto. Y luego Adrián Ramos anotó uno más para la cuenta.
“Nacional ¿Dónde estas?”, ríen los hinchas del Medellín. Declarando muy sinceramente que se sienten bien viendo este partido. “Y Ojalá que cuando jueguen con Tolima El Camello los golee, también”, complementaban. Pero otra cosa será verlos a ellos en su próximo encuentro. Y al son de la música de fondo y estas palabras, llegó el remate en todo el sentido extensivo de la palabra: Yanez hizo un cuarto gol, frente al cero del verde.
Imagino que fue el mejor regalo de cumpleaños para Bogotá. Hoy se comenzó a cambiar la historia que desde hace 38 años tenía a Nacional por encima de todos los equipos.
Ahora finalmente reconocemos el tapado: desde que Santa Fe llegó con su uniforme brillante y conmemorativo, y a pesar de la buena actuación del equipo verde en el primer tiempo del partido, teníamos la leve desconfianza de que la emoción de hoy no sería completa. Lo gracioso es que las palabras del sonsonete de Mick Jagger de fondo, resultaron ciertas: We can get no satisfaction.

Comentarios

AlejoB dijo…
realmente no soy futbolero, pero es como si hubieras refinado el futbol. me gusto bastante como lo has escrito.

;-)

Entradas más populares de este blog

Espuma y nada más: una tensión incesante

Entrevista a Mike Patton