Entre la ciencia y la diversión.

El pasado 23 de junio, se llevó a cabo el conversatorio “Al desayuno, al almuerzo y a la comida: Fenómenos fascinantes de la física”, en el ciclo de Ciencia en Bicicleta, actividad mensual programada por el Parque Explora. Jorge Iván Zuluaga, del Instituto de Física Universidad de Antioquia, fue el encargado de mostrar a los asistentes que toda historia de la ciencia, es la historia de las buenas preguntas, a través de experiencias tan sencillas y cotidianas como la música, el frío, el equilibrio y los líquidos.

Los paradigmas que rodean la ciencia son tan fuertes que terminan irguiéndose como realidades indisolubles. Tras la idea de dificultad impartida por centros educativos y colegios en cuanto a materias como química, física y matemática; se encuentran todo tipo de construcciones ideológicas que tienen que ver con la pereza, el miedo y el tedio que producen estas áreas en el imaginario de los estudiantes.

Y es que si bien es cierto que cada saber trae consigo un sinnúmero de retos a la comprensión, no se puede negar que en nuestro medio, las ecuaciones son sinónimo de problemas y el estudio de la ciencia es visto como algo exótico, y un privilegio para el que sólo unos cuantos tienen capacidad de acceder. Es por ello que a la hora de elegir sus rumbos académicos, una gran mayoría de personas se decanta por “cualquier cosa que no lleve números”, así estos sean sólo un requerimiento para entrar conocer sobre temas tan diversos y encantadores como plantas, animales o costumbres de civilizaciones antiguas.

Establecer culpables en este fenómeno resultaría una acción parcializada, pero la realidad misma muestra como los profesores de los colegios no preparan sus contenidos en pro del interés del estudiante, sino todo lo contrario, a modo de “sálvese quien pueda”, dejando un hueco en la mayoría de alumnos que le encuentran mayor interés en áreas como la educación física, la literatura y el arte; y con toda razón, ya que interesarse en procesos tan apartados de sus experiencias, tales como aprenderse de memoria una tabla o realizar ecuaciones por métodos remotos, resultan actividades poco motivantes.

Además, los archivos de ciencia existentes en las bibliotecas de la ciudad, sólo cuentan con una decena de revistas especializadas con contenidos accesibles a lectores no especializados; el resto se traducen en comunicados de estudios escritos por científicos que, en su mayoría, nunca se han interesado por una forma sencilla de difundir la ciencia, situación que hasta hace pocos años era común en todo el mundo y en la que sólo unos pocos autores como Carl Sagan, caerían cuenta más tarde.

A todo esto habría que sumarle la gran tradición oral y literaria de la que somos parte y en la que muchos hemos crecido. Aún cuando otros aleguen que en Medellín no existen espacios dedicados a la cultura, el reciente apogeo de espacios dedicados al estudio y difusión de ésta, dejan claro que no es que no existan interesados sino que faltaban modos para debatir y exponer.

Pero en el caso de lo científico se trata de un público menguante: la falta de motivación para abordarla es evidente en los eventos que se programan en la agenda ciudadana. Profesores, investigadores y estudiantes son el público expectante de la cantidad de conferencias o talleres que se realizan, pero sigue siendo escaso el número de personas que convocan estas experiencias.

Sin embargo, el intento por dar un giro a los arquetipos que plantea la palabra ciencia en nuestro medio, existe. Más allá de la difusión de los programas institucionales y universitarios, la Alcaldía de Medellín ha creado espacios significativos que en el periodo 2004-2007, han estado entregando contenidos científicos de forma entretenida y trascendente.

La ciencia en los procesos cotidianos.

Al desayuno, al almuerzo y a la comida suceden un sinnúmero de fenómenos a los cuales no se da importancia en medio de las carreras del día, y a la hora de abordar el lado fascinante de la ciencia, estos surgen como coartada perfecta para contarle a la ciudad sobre las fuerzas que rigen nuestra vida.

El encargado de esta tarea, el astrofísico Jorge Iván Zuluaga, del Instituto de Física de la Universidad de Antioquia, utiliza la resolución de preguntas tan sencillas como ¿por qué da frío al salir de la ducha?, ¿por qué el alcohol es más frío que el agua? O ¿Cómo es que la bicicleta sólo puede estar en equilibrio mientras rueda?, para destapar lo fascinante de sucesos que diariamente pasan desapercibidas ante nuestros ojos.

“La física rige todo lo que camine por el mundo pero al mismo es una ciencia mal difundida. Cuando uno se para al frente de un auditorio dispuesto a hablar de fenómenos debe comenzar por dejarle claro al público que no se predispongan y que disfruten de los temas como si estuvieran escuchando una historia”, declara Jorge, y afirma que la gran riqueza del desarrollo de proyectos como Ciencia en Bicicleta, radica en que las personas desde las mismas estrategias comunicativas, se dan cuenta de que muchas curiosidades de la ciencia podrán ser abordadas de forma amena y abierta al dialogo.

Para Ana Ochoa, del Parque del emprendimiento, “los fenómenos deben ser explicados desde temas que le interesen a la comunidad”. Es por ello que desde principios del 2006, se desarrolla el ciclo mensual sabatino de conferencias enfocadas en un debate social de lo científico.
El programa se llama Ciencia en Bicicleta, en pro de la idea central que se ha difundido con estas actividades: “lo que queremos es que las familias vengan a conocer un poco más sobre los fenómenos fascinantes de la ciencia, pero de una forma relajada, sin los convencionalismos de los simposios o los talleres. Con el interés por el tema como único requisito para poder entrar a conocer, pero también a retroalimentarnos”.

Las nanopartículas, los sueños inconscientes, las ayudas tecnológicas, la fauna marina, la biodiversidad, el calentamiento global, los saberes ancestrales; son algunos de los temas que se han ido abordado mensualmente en este espacio que según muchos de sus participantes, debería tener una mayor continuidad.

La apertura a un público heterogéneo hace que niños y adultos disfruten de una mañana de sábado tranquilo, divertido y a veces hasta fuera de lo común; como fue el caso del evento del mes de febrero, en el que los vallenatos sirvieron de fondo para hacer un recorrido por las especies presentes en la botánica colombiana, tan nombradas en medio del folclor y la música de nuestras costas y por medio de la experiencia de Álvaro Cogollo, director del Jardín Botánico de Medellín. “Lejos de imaginarse que existía una relación entre vallenatos y botánica, la gente creía que iban a ser dos actividades alternas y que la música ayudaría a amenizar la conferencia”, dice Ana.
Lo que no sabían era que al salir encontrarían una unión casi obvia entre los dos temas.

Aún así, para los organizadores del evento, ha sido un reto superar la barrera de los hermetismos del lenguaje dentro de las conferencias, pero esto se ha venido logrado poco a poco, gracias a compromisos tácitos que se mantienen con el público: el primero de ellos es la exaltación de la pregunta, como forma básica de comprender como está percibiendo el asistente al invitado o expositor; y el segundo es la disposición a lo didáctico, como puesta en escena de la parte teórica. Este último es una práctica que infaliblemente refleja hasta que punto se logran los objetivos de difundir contenidos a los que la gente teme por la dificultad que plantean; además, ha demostrado a los asistentes que hasta el divertimento tiene su ciencia.

Aprender es cuestión de método.

Para comenzar a desarrollar estos conversatorios, se tuvieron todo tipo de ideas. Al principio el estar girando en torno a una diversidad de temas cuando se podía abordar uno en varias secciones, parecía la opción indicada, “pero pronto nos dimos cuenta de que si el público era diverso, no podíamos encasillarnos en ciertos ángulos de la ciencia, sino abordar diferentes temas con una cosa en común, y es que todos nos resultaran ratos agradables y productivos”, comenta Ana Ochoa.

Y es que cada sección está acompañada por un evento complementario, que puede ir desde un concierto, hasta un taller; llenando de sentido la madrugada de los asistentes, muchos de ellos aficionados a la física, la química y la botánica, y los demás, simples curiosos.

Al respecto y tomando como ejemplo las vivencias de su conferencia, Jorge Iván declara que “descubrir aspectos de la música, que es una experiencia totalmente sujetiva, a través de la ciencia, que parece tan apuesta a ella, va cogiendo sentido en la medida en que se le recuerda al asistente que esas ondas acústicas que le sugieren sentimientos, son producto de unos procesos que hacen posible que puedan escucharse”

Lejos de abandonar el terreno de los teórico, que siempre es necesario, el objetivo central del Parque Explora en este espacio, es abrir las puertas a una aprendizaje libre, que conlleve a exaltar la creatividad ciudadana por medio del acceso a la republica plural de las preguntas, como base misma del método científico.

Hasta el momento las ponencias y actividades de este parque se realizan en lugares como el jardín botánico y en plaza mayor, por estarse aún adelantándose obras físicas para el producto final del parque, pero se espera que para finales del mes de septiembre sea entregada a la ciudad este terreno de 25 mil metros cuadrados, que contará ambientes como una biblioteca interactiva, una sala botánica, una sala de cine 3D, un acuario (que será el más grande en latinoamérica) y siete aulas taller.

Quizá la expectativa que genera el hecho de tener en la ciudad un espacio semejante para conocer la ciencia de forma didáctica e interactiva sea grande, pero en todo este proyecto hay que reconocer como mayor componente, el esfuerzo por resignificar los contenidos científicos como procesos que, dependiendo de cómo se aborden, pueden ser llegar a ser una experiencia común y llena de diversión.

Comentarios

Beat dijo…
¡Carajo! Otra conferencia genial de la que me entero cuatro meses después.

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