Momentos condimentados con flores

En Santa Elena abundan los lugares esplendorosos, pareciera que en éstas once letras estuviera condensada la clave que conecta a sus locaciones con lo mágico, además de tener como ventaja la facilidad de llegada desde el casco urbano de Medellín, por la cercanía y el buen estado de sus rutas. En medio de la exuberante vegetación y el encantador clima, en la vereda El Placer, se encuentra un lugar muy acogedor, que recoge lo mejor de nuestra tierra y lo lleva al arte culinario: Donde Edward.

Además de Restaurante-Bar es un espacio de contemplación… del paisaje, de las vivencias, de los detalles; además, allí se materializa la idea de Salvador Dalí que afirmaba que “la belleza debe ser comestible o no será”. Sin importar si se toma un café o va a almorzar, en la esquina de cada plato, en la madera de las ventanas, o en el mantel de cada mesa, verá detalles que seguro le harán despertar de la cotidianidad, elementos que contienen el talento del equipo humano que trabaja en este lugar.

No importa si usted busca un plan familiar, si quiere viajar con sus amigos o solo, encontrará que “Donde Edward” convergen los sinónimos de flores variadas y verdes alucinantes. Allí comprenderá que cada planta puede ser comestible y notará que en la mayoría de hogares, e incluso hoteles y restaurantes de la ciudad, las personas cocinamos exclusivamente para saciar nuestros estómagos, sin alimentar los 5 sentidos... nada mejor que deleitarse con una ensalada condimentada con flores, acompañada de un vino de colores fuertes, mientras se mira un cielo de todos los colores a través del ventanal. Un plato delicioso y curiosamente decorado, que vale por dos.

En sus instalaciones no hay secretos de culinaria ni recetas especiales, porque los chefs están dispuestos a compartir sus conocimientos y herramientas de cocina, ya que ésta es una sede de reuniones, tertulias y conversaciones que seguro alimentarán su espíritu y le harán sentirse como en casa.

Espacio para observar las aves, las montañas, para respirar el olor de las flores mezclado con el de la comida, sin embotar los sentidos, sino siendo consciente que se está lejos del ruido y la complejidad de la ciudad. Momento para salir de sí, abandonando paradigmas y expandiendo el pensamiento.

Versión inconclusa…

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